A principios del XX, a los surrealistas y dadaístas les encantaba crear cadáveres exquisitos. Era un juego multidisciplinar, en el que cada artista aportaba lo que era: el poeta escribía un verso en un folio en blanco, el pintor hacía un dibujo, el arquitecto pegaba arenisca, a veces con su propia saliva, y el escultor aportaba las piedras de los pendientes de su amante. El resultado, cuando el folio estaba lleno, se llamaba cadáver exquisito, es decir, una obra de arte improvisada que recogía proyectos y miniaturas de lo que cada creador llevaba en la cabeza. Esa obra de arte suponía, cuando menos, una visión del mundo. Era una definición, o una metafísica. Era, en realidad, una reflexión sobre lo que cada uno podía dar al tiempo en que vivía. Curiosamente, la realidad española actual se nutre de los mismos principios: la improvisación y las aportaciones de los se sienten aludidos por aquella simpleza que pronunció Aznar: ‘El que pueda hacer, que haga’. Este es un país en que las mamarrachadas se convierten en imperativos. Hemos llegado a tal cota de discrepancia que nadie puede hacer mucho. Sin embargo, el juez Pedraz, el juez Calama, el juez Peinado, Leire Díez, la fontanera, Rajoy, Bárcenas y Cospedal, el exministro Jorge Fernández, Zapatero y sus consulados en el más allá, el socialismo liberando etarras, el señor Puigdemón comportándose como una doña Inés traicionada y el cociente intelectual del Congreso de los Diputados, cada vez más parecido al de una guardería, hacen lo que pueden hacer. Nada. No recordar, no admitir lo que no les consta, enterarse por la prensa y, ya que no hay más remedio, aportar esas nadas al cadáver exquisito de la problemática nacional, que es enciclopédica.
Esta es la política que tenemos. No existe un camino hacia la esperanza. Da igual votar a la izquierda o a la derecha. Da igual votar que no votar. La gente normal tiene muchos problemas, sobre todo la juventud, pero la política no está para eso. Sufrimos un mal incurable: el bizantinismo. Volvemos a las dos Españas: la que paga impuestos y la que los roba. Incluso hay muchos que piensan que Zapatero era un referente moral, y encadenan su caída a la del PSOE, incluso suponiendo que el PSOE sea un partido socialista. España es una aberración que nada tiene que ver con que los que nos han gobernado aparezcan en los tribunales como corruptos. El problema de este país sigue siendo lo que se ha perpetrado en política interior: educación, sanidad, vivienda, lo que la política ha hecho diariamente con sus contribuyentes y ciudadanos. Ahora lo único que está en nuestras manos es el cadáver exquisito: colocar lo que nos falta en un papel que irá a la papelera de la historia.
Hablamos del sexo de los ángeles mientras todas las puertas se cierran. Estos son nuestros políticos. Este es el futuro que hemos construido desde que nos lanzaron a la cara el cubo de pintura de la libertad, allá por el año 1978, para que decorásemos las fachadas. El que pueda hacer, que haga. En efecto, estamos poniendo la guinda sobre la tarta de nuestros sueños. Nadie va a librarse: acabaremos en el banquillo por maldad, por ignorancia, por indiferencia o por miedo. Menos mal que nos quedan los algoritmos. Serán los que conviertan en un catecismo que nadie comprende todo aquello por lo que empezamos a luchar hace cincuenta años.
Publicado en el diario HOY el 30 de mayo de 2026
Lamentablemente, a pesar de que te encanta sazonarlo todo con ingredientes pesimistas, como si no hubiera opciones, he de darte, nuevamente, la razón, que no es poco. Es triste tener básicamente dos opciones: seguir la doctrina del «carpe diem» y que les den a los que no espabilen; o, concluir «roussionanamente»que el hombre es bueno por naturaleza y, al final, todo tendrá un desenlace dulce. Me quedo con la tercera posibilidad y lo que Dios quiera que sea.
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Por desgracia, las opciones son escasas. La política es incapaz de salir del partido. Es un principio y, por tanto, también un final. Un abrazo
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«…Sin embargo, el juez Pedraz, el juez Calama, el juez Peinado, Leire Díez, la fontanera, Rajoy, Bárcenas y Cospedal, el exministro Jorge Fernández, Zapatero y sus consulados en el más allá, el socialismo liberando etarras, el señor Puigdemón comportándose como una doña Inés traicionada y el cociente intelectual del Congreso de los Diputados, cada vez más parecido al de una guardería, hacen lo que pueden hacer. Nada…»
Meter en el mismo cesto a todas estas personas creo que no es acertar. Tenemos los bueyes que tenemos para hacer frente a lo que nos está pasando, y con éstos hay que arar. Y convendrá conmigo que los bueyes que usted nombra no aran todos igual. ¿No…?
Un gusto leerte DJ LOWRY 🙏
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Cierto, Antonio. Pero poco a poco cada vez se parecen más. El momento los mete a todos en el mismo cesto. Lo de «arar» en realidad no parece muy pertinente. Da la impresión de que todo es propaganda
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Usted no es propaganda, yo no soy propaganda. Es cosa de fijarse bien, mucho, mejor…
Saludos…🙏
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