El primer Steve Jobs de la historia fue Pablo de Tarso, un personaje que no conoció a Jesucristo, pero se convirtió en San Pablo, uno de sus apóstoles. Fue el primero que vendió cosas que no podían tocarse, en lugar de las que solemos tener en casa, como las macetas de geranios o los best-sellers de 648 páginas. Fue también el tipo que más ha conocido y menospreciado al hombre, el primero que tuvo una conciencia clara de vivir en un mundo sin importancia y, por tanto, un mundo que sólo merece que muramos por él. La llegada del Papa a España es buen ejemplo de estos planteamientos. El hombre en general, y los españoles en particular, somos una muestra decisiva de la insensatez que está imponiéndose. Habría que diferenciar al Papa de los papistas, para empezar. El Papa lo es por azar, por convención, los papistas lo son porque, como cantaron los Queen, ‘Show must go on’. Los papistas se deben al espectáculo, no al Papa. Hemos de preguntarnos por qué si la cultura, la civilización, la espiritualidad están yéndose al garete no va a pasar lo mismo con Dios. El vacío que empieza a convertirnos en muertos vivientes alcanza a todos los que han participado, sobre todo políticos, en la movida que se ha montado alrededor del Papa. La Monarquía al completo, el Parlamento, la Nogueras exigiendo que el pontífice hable catalán en Cataluña, el público que sale con las banderitas como si Eisenhower volviera. Todo como en Magaluf.
Dios ya importa poco, el mensaje del Papa igual. ¿Vamos a buscar la verdad? ¿Seremos capaces de diferenciarla de la mentira en las redes sociales, como ha pedido en su mensaje? ¿Podremos renunciar a la polarización política? Quizá lo intentemos, pero sólo para seguir viviendo en el mismo parque temático. Los que tuvieron una visión clara de que el hombre es un fracaso se han ido ya: Cervantes, Kafka, Barber, Víctor Jara, Bernhard, por nombrar a gente que nos produce nostalgia. Entramos en la era de Bad Bunny, una era en la que pensar es una tara, en la que Cristo y el Papa ya no caben. No puedes amar a Dios y odiar a tu hermano. Tampoco puedes buscar la felicidad y escuchar reggaetón. La felicidad es algo que necesita cierta dosis de silencio.
Creo que el Papa ha sido, en su visita a España, el hombre más solo que existe. Las multitudes no ofrecen apoyo, ni son receptivas. Lo hemos visto abucheado por la modernidad, mientras Bad Bunny se lavaba las manos. Lo hemos visto dando consejos que nadie comprendía, y también abogando por valores silenciados por la banalidad. Un hombre frente al ruido, que es ahora una pandemia sin vacuna, un hombre que ha intentado lo que ningún papa hizo antes: poner por encima de Dios al humanismo, igual que Nietzsche. La fe y la bondad necesitan a un ser humano que medita, no que compra. Quizá cada viaje de este Papa sea así: una lenta y abismal crucifixión impuesta por los que no oyen ni comprenden. ¿Encontraría alguien un eco del evangelio durante los siete minutos de aplauso en el Congreso? Hemos de acostumbrarnos a una época en la que todos los caminos están llenos de cruces, y la resurrección es tres minutos en Spotify. Ojalá que la próxima vez venga de incógnito, como el rey Arturo en la novela de Mark Twain.
Publicado en el diario HOY el 14 de junio de 2026
Escribe Usted como con un escalpelo. Y sí, queda mucho cáncer por extirpar…
Gracias DJ LOWRY ✍️👌
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Pero algo habrá que hacer DJ LOWRY…🙄 ¿No?
Mi granito de arena: humor y amor.
Un planazo 🤣
«En mi afán por conseguir que mis hijas quisieran venir a verme, además de cocinar para ellas y hacerles cosquillas, se me ocurrió la gran idea de que viésemos una película clásica cada vez que vengan…»
👇👇👇👇👇 🙏
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