Aprovechando que actualmente los libros son una feria, es necesario reflexionar sobre qué añade el libro que se vende en las ferias al libro en sí mismo. Para los que nos hemos nutrido con los clásicos del siglo XX, el hecho de que los libros tengan que convertirse en espectáculo para que la gente los lea supone un nuevo planteamiento. Quienes han inventado esto son los ‘lobbies’ editoriales, que son los que publican atendiendo sólo a lo que la gente dice que le gusta, aunque en realidad se lo dicen ellos. El hecho de vender ha traicionado el sueño de escribir buenos libros. Sería deseable vender cantidades ingentes de libros, siempre que esos libros pretendan alumbrar lo que somos, pero sólo desean venderlos quienes quieren conseguir inmensos beneficios. La industria cultural ya no es cultural, ese es el problema. Ahora también es mediática, y siembra tendencias que los autores siguen porque quieren ser famosos, no escritores que aporten su visión del mundo a la gente que quizá la necesite. Todo esto se aprecia en cualquier feria del libro. Ahora voy a hablar de mis gustos: jamás compro un libro de alguien que salga en la televisión, porque seguramente no tenga mucho que decir. Tampoco compro libros de autores que repiten lo que otros han escrito. Existe una literatura que se nutre de versiones y refundiciones, como en la Edad Media. Tampoco compro libros que compre mucha gente. Si los compro sé que voy a equivocarme. Todo lo que lee la mayoría es algo que entra bien en sus cerebros, no en el mío.
Las ferias del libro son una radiografía de lo que ocurre. La gente va a que los famosos les firmen la tontería que han escrito. El libro importa poco, la firma menos aún, pero el hecho de ver en persona a los que salen en televisión prueba que quizá existan. Existen, pero no deberían escribir. Eso el público no lo sabe, el público nunca discrimina, por algo es el público. Por supuesto, en las ferias del libro siempre hay editoriales que hacen las cosas bien, que encarnan otra perspectiva. Últimamente Aristas Martínez, por ejemplo, reedita muchos libros que merecen la pena, textos clásicos y textos que no se habían traducido al castellano, como la Cartas de H.P. Lovecraft. Es necesario este rescate que la mayoría de las editoriales no hacen, y llena espacios que nos faltan.
Nada de lo que se ha publicado a partir del año 2000 tiene respuestas para lo que le ocurre a esta sociedad, a esta nueva forma de vida. Esas respuestas son anteriores. Nada con un planteamiento comercial cubre esas necesidades, sólo entretiene. Entretener está bien, pero tanto entretenimiento nos condena a llevar la vida de Arturo Valls. Además, es necesario saber qué tipo de entretenimiento nos proponen los ‘lobbies’ editoriales y las ferias. Un entretenimiento que hastía, ya superado por Emilia Pardo Bazán, por Enrique Gil y Carrasco y por Edgar Allan Poe. Ahora ni el autor aporta casi nada a la vida ni el público quiere encontrar nada. La literatura de consumo, la que se ve en las ferias, es para gente que no sabe que anteriormente ha habido una mucho más grande. La que se vende ahora es para un público al que se ha eximido de la necesidad de interpretar. Esto supone que lo que se vende, por regla general, no hay que leerlo.
Magnífica reflexión DJ LOWRY ✍️
Gracias…🙏
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