Acabo de leer la que me parece la biografía de Kafka más clara, polifacética y atrayente para un lector interesado: Louis Begley: El mundo formidable de Franz Kafka. Ensayo biográfico (Alba Editorial, 2009). Exhaustiva sin excesos, pero que toca las teclas que hacen falta para llegar al escritor del que Begley cuenta la vida, y cuya obra interpreta de manera ordenada y original. Conocíamos muchas biografías y ensayos sobre Kafka: Brod, Wagenbach, Stach, Marthe Roberts, Benjamin, Blanchot… las suficientes para saber que cualquier lector de Kafka se convierte en su biógrafo, un biógrafo que no busca respuestas, sino las preguntas que son necesarias para conocerse a sí mismo, además de a Kafka. A Kafka ya casi nadie lo lee. Se ha vuelto un autor complicado por las razones que el propio Begley expone: no es posible simplemente leerlo, es necesario interpretarlo. Así que Kafka se ha convertido en avatar. Todo el mundo ha oído hablar de él, todos compramos libros, o imanes para el frigorífico, porque Kafka está tan imbricado en la realidad que vivimos que no podemos verlo, y menos, ya, comprender sus textos. Cierto que la crítica literaria también se ha interpuesto. Lo que Kundera llamó “la kafkología” es una multitud de árboles que no nos dejan ver el bosque. Esa es la razón por la que este estudio de Begley va en busca de muchas claves olvidadas. Todo lo que interesó a Kafka es abordado y mostrado como caras de una totalidad que compartimos con él. El concepto de lo kafkiano, que profetizó los inmediatos totalitarismos, el problema judío, que mostró el ostracismo en el que parece que nacemos y crecemos, la relación ambivalente que tuvo con las mujeres -y el contraste que éstas opusieron a su vida creativa-, el propio concepto de vida como literatura, una perspectiva que lo distanciaba de lo concreto, de la vida, y finalmente la función de la literatura para conformar la realidad, o ponerla de manifiesto. Estos son los capítulos del libro. El último contiene interpretaciones de algunas de sus obras más originales, interpretaciones que me han fascinado, sobre todo las de Informe para una academia, El proceso y En la colonia penitenciaria.
El hombre del siglo XXI sigue siendo kafkiano: el mono que pierde el tiempo en las redes sociales como intento de asimilación, de formar parte de una comunidad que no lo entiende ni va a entenderlo nunca, ni quiere entenderlo; el que gasta su vida intentando llegar a la verdad, como Joseph K., sin saber que ni la verdad ni la justicia han sido nunca compatibles con nuestros prejuicios y nuestra forma de vida; el que intenta ser feliz, como K., en una sociedad que sólo propone engaños… El mundo y el presente son más kafkianos que nunca. Es posible que podamos cumplir nuestros sueños, pero para eso tendríamos que pasarnos la vida rellenando impresos.
Muy buena iniciativa, Alonso. Te iré leyendo. Me he puesto las alertas. Un fuerte abrazo. Virginia
Me gustaMe gusta