Vuelve la lucha de clases

Emocionante, aunque con innegables sombras de sospecha, la idea de Rufián de unir a todos los grupos a la izquierda del PSOE. ¿Idea, o invención? En cualquier caso, hay que preguntarse para qué. Si hace años lo hubiese propuesto Julio Anguita nadie le habría hecho caso, pero estamos en un país en el que la cosa cambia si la propone un separatista. La pregunta es ineludible: ¿existe en España una izquierda? Parece difícil hallar razones para asegurarlo, ni siquiera para profesar esa creencia. Hay partidos que se dicen de izquierda, pero no de una izquierda capaz de luchar por lo que piensa y, sobre todo, con sentido común. En el 15M surgieron muchos jóvenes con ideas, pero al final resultó que no querían cambiar la sociedad franquista que heredamos, sino ganar las elecciones. Hubiesen tenido que leer a Sun Tzú: gana la guerra, y después sal al campo de batalla. El 15M debió convencer al personal de que la democracia que tenemos no va a ninguna parte, y después salir a ganar las elecciones.

Ahora Rufián, viendo la escalada electoral de la extrema derecha, pone el grito en el cielo. Es decir, sólo quiere ganar las elecciones. ¿Y después qué? Ese mismo deseo de cambio llevó al PSOE al poder. ¿Y qué ocurrió cuando consiguió aquellas memorables mayorías absolutas? Que cada cual conteste como quiera esa pregunta. Durante los últimos cincuenta años de política española, es decir, desde que hay política, los partidos han jugado a la Nintendo. Hoy ni la calle tiene acceso a la política, ni la política presta atención a la calle. Ese es el gran problema de nuestra democracia. La cosa no va de mayorías, sino de intereses macroeconómicos, o macroideológicos, así que seguimos en un país donde continúa educando el nacionalcatolicismo y sonando Julio Iglesias. Esta subida de la ultraderecha en realidad no aporta nada político. No es más que la vieja lucha de clases que idearon Marx y Engels, sin sospechar que el capitalismo es mucho más creativo. De hecho, el capitalismo inventó la democracia para que los pobres no se movieran de su sitio, igual que Dios inventó la muerte, supuestamente igualadora, para que todos aceptáramos que hubiese clases sociales.

Las izquierdas nunca se han unido, nunca han podido ser una sola izquierda. Existen demasiadas formas de pintarse las uñas para que esto ocurra. Rufián quizá no entienda que no puede unirlas sólo para conseguir la independencia de Cataluña, como casi hizo Zapatero. Tampoco se unen los sindicatos, pese a que todos quieren lo mismo. Al final, las clases siguen ahí. Los que no tienen nada han de pelear por la dignidad. Los que lo tienen todo, por la genética. Todo es demasiado simple para que el progreso sirva de algo. Vuelve el clasismo, no la ideología, ni siquiera la economía. Vuelve el modelo que pone arriba a los de siempre, y convierte a los de abajo en gente que ya no pretende luchar por derechos, sino por conseguir su tajada. Creo que la idea de Rufián no aporta mucha ilusión, aunque podría crear expectativas, como la idea de que los millonarios deben pagar más a la hacienda pública. Todos, excepto los que tienen mucho dinero, querríamos tener una sanidad y una educación maravillosas, pero un mundo en el que esa idea pudiera aplicarse ya nos parece tétrico. Quizá nos falte fe. Las utopías nos han vuelto unos materialistas.

Publicado en el diario HOY el 21 de febrero de 2026

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑