Resulta curioso que la vida, que tantos momentos estelares y decepciones produce, arroje sobre todo testimonios. Buena parte de esos testimonios son aforismos. El aforismo casi siempre encierra una verdad admitida por todos, igual que cualquier otro tipo de conclusión personal que se lega a los demás, sabiendo que los demás no van a hacer nada con ella. He ahí la cuestión. El hombre es la raza que más ha aprendido de sus errores, porque el resto de las especies ya nace con una sabiduría que nosotros tardamos toda la vida en adquirir, y a veces apenas adquirimos. El hombre está rodeado de verdad. Sabe cuál es, sabe cómo se conseguiría un mundo mejor, sabe quiénes son los culpables de que sigamos siendo prisioneros del interés que sólo beneficia a unos pocos, a los de siempre, y sabe cómo habría que cambiar el mundo para quitar la venda de los ojos a nuestra libertad. En educación, cualquier maestro de pueblo podría arreglar la abominación en la que la han convertido los políticos. Cualquier enfermera pondría solución al hecho de que sólo los pobres mueran a destiempo. En cuanto a la cultura, cualquiera que haya leído a Julio Verne sabe que existe una diferencia apreciable entre lo que se escribe para mostrar la verdad y lo que se escribe para vender.
¿No le interesa a la gente la verdad? Admitamos esa posibilidad. Hagamos una pira y quememos a Kafka, a Conrad, a Shakespeare… Quememos todos los testimonios que ayer y hoy hablan de qué es el hombre y por qué es así. ¿Qué nos queda? ¿El reggaetón? ¿El Covid-19? ¿El Tdah? ¿Las redes sociales? ¿Las masacres indiscriminadas que produce este mundo? La verdad y la estupidez siempre han mantenido esa guerra, no el bien y el mal, ni oriente contra occidente. Nunca ha habido tantas máscaras como ahora. Estamos desperdiciando toda esa verdad. Se nos va entre los dedos, en parte porque no sabríamos qué hacer con ella.
Hay que volver a las grandes palabras, y asumirlas, y votar de acuerdo a ellas, aunque el voto ya da igual. Creo en el hombre individual, el que aporta el testimonio de lo que piensa de la vida, de la política y del sentido que tiene estar en el mundo, y se niega a estar como estamos, con las manos atadas.